En el libro titulado "El Proceso
Económico" (1997) de Manuel F. Ayau Cordón (1925 – 2010), se narra la historia de
"La Gallinita Roja", quien encuentra semillas doradas de trigo y decide
sembrarlas, cuidar la siembra hasta cosecharla, para posteriormente hornear
cinco panes para consumir. Como
personajes secundarios de la historia se encuentran otros animales de granja,
como lo son la vaca, el ganso, el pato, y un cerdo, a quienes la gallina les
pide ayuda en cada actividad que decide realizar, sin embargo, cada uno de
ellos se niega a colaborar con ella.
Puesto que la gallina llega a
producir sus panes sin la ayuda del resto de los animales de la granja,
considera que ella es la única dueña del fruto de su trabajo, lamentablemente,
como sucede en toda sociedad, a nadie le gusta sacrificarse, sino únicamente disfrutar
y gozar de los beneficios obtenidos de otros, incluso llegan a exigirlos como algo propio,
debido a ello, el personaje en cuestión, no queda ajena a esta situación.
El relato menciona
que aquellos que no quisieron ayudar a la gallina, en ningún momento, se
organizaron para exigir según ellos, sus derechos sobre los panes, pese
a no haber estado interesados en colaborar en su prodcción. Tal extremo, hizo que el granjero
intercediera por ellos y utiliza una galimatía muy conocida, la cual es usada por
los poseedores de poder.
El granjero le dice a la gallina que debe estar agradecida que él, como dueño
de la granja, le haya permito hornear sus panes, como todo gran promotor de la
supuesta libertad que le brinda, pero él no consideraba correcto
que ella acapara todo, sino que tenía la obligación de entregar cuatro de los
cinco panes, para tener una plenitud de su derecho de su libre actuar, por lo
que al compartir el fruto de su trabajo, debe hacerlo de manera voluntaria y
sentirse agradecida de este hecho tan noble.
Tristemente ella sede a las
presiones que recibe por parte del granjero, como el defensor de los
derechos de la granja y de sus compañeros.
Posterior a esta experiencia ella decide no volver a hornear pan
alguno.
Ahora bien, esta historia ilustra
de una forma muy sencilla lo que sucede constantemente en diferentes países del
mundo, así como en Guatemala, además de que este modelo se replica a los
departamentos y municipios, pero esto no termina ahí, también los líderes
comunales llegan a caer en esta práctica, que para bien o mal, es demasiado
común verla, al grado de ya estar acostumbrados a que se dé.
Lamentablemente, en cualquier
puesto que implique una cuota de poder, esta forma de proceder se llega a dar,
incluso, ha permeado tanto en la sociedad que ni las aulas educativas quedan
inmunes a estos hechos, bien sea a nivel administrativo o entre los
alumnos.
Esta práctica ha
llegado al extremo, que sin importar el tipo de grupo social en que se encuentren
las personas, produce el mismo efecto, ¿por qué entonces nadie se
opone?, o peor aún, ¿por qué no lo ven?
La respuesta a estas dos
interrogantes pueden converger en una misma respuesta, todo se deriva a la
manera en que se desarrollan estos eventos dentro de la sociedad, ya que la
forma de penetrar tanto es la misma.
Para explicar mejor este punto,
hay una historia contada por algunos abuelos, como parte de las enseñanzas que
proveen a sus generaciones futuras, relacionada a un hombre que viajaba por el
desierto junto a su camello, en medio de una tormenta de arena que los llega aquejar.
Narra la historia que el hombre
levanta su tienda para poder descansar, como es la costumbre, deja afuera de la misma al camello amarrado.
De repente, una tormenta de arena llega hasta donde éstos dos personajes
se encontraban. El camello, con todo
respeto, mete su cabeza a la tienda y le solicita a su amo que le permita mantener
su nariz dentro de la tienda, ya que la tenía llena de arena y de esta
manera pudiese respirar, a lo cual él accede.
Pasado una hora, el camello le
pide que pueda meter otro poco de su rostro, ya que sus ojos se encontraban ya
muy afectados por las inclemencias de la tormenta de arena, nuevamente su amo
acepta.
Al poco tiempo, nuevamente el
camello le comenta que sus orejas estaban repletas de arena, por lo que le pide
que pueda meter la cabeza completa y así sentirse más cómodo. Como era de esperar, el hombre no ve problema
alguno y le permite que meta su cabeza completa.
Nuevamente, el camello habla con
su amo y le dice que la tormenta era tan fuerte que sus manos o patas
delanteras, se encontraban hundidas en la bastedad de la arena, le suplica
que le permita ingresarlas a la tienda.
El hombre, consciente de lo que estaba aconteciendo, no pone objeción
alguna.
Y así, poco a poco el camello le
pide a su amo que pueda ingresar una parte de su cuerpo, dándole una
explicación, de tal manera que no se pudiera negar, ya que se abocaba al noble
corazón del hombre, quien tuvo mucha consideración en pensar en el bienestar de
su compañero de viaje, al cederle poco a poco cada solitud que éste le hacía.
Tal fue la astucia del camello,
que al final fue quien se quedó adentro de la tienda, mientras desplazaba poco
a poco a su amo, al punto que quien terminó en el exterior y a la intemperie
para soportar la tormenta de arena, fue el hombre.
Como parte de las acciones
emprendidas por el camello, se puede observar que nunca hacen peticiones
irracionales a su amo, si desde el inicio tenía pensado o no sacarlo de la
tienda, no lo explica el relato, sin embargo, al final se queda para él solito
su uso y deleite de ella e inicia con algo simple y sencillo, proteger su
nariz, ya que la tiene llena de arena, lo que provocaría su inminente muerte.
Hay que considerar que el hombre
fácilmente pudo haberse negado a cualquier solicitud recibida, sin embargo, se
dice que las personas de estos lugares no ven al camello como un animal o
bestia de trabajo, sino como un compañero y amigo en su larga caminata en un
territorio tan hostil.
Al tomar en cuenta las costumbres
de la localidad, es fácil comprender el por qué éste hombre acepta cada solicitud
realizada por parte de su compañero, el camello, motivo por el cual desde un
inicio no puede prever los resultados que esto le iba a ocasionar, ya que
únicamente velaba por su bienestar, con acciones fáciles de complacer y que no lo comprometían, inclusive, tampoco atentaba a su integridad.
Continuará…
