En el escrito “La Pérdida de la
Libertad I”, se hace una relación entre el relato de la gallinita roja, la cual
se ve afectada por la galimatía del capitalismo, en el momento que el “sabio
granjero” le dice que para gozar de la plenitud de su libertad debe dar del
fruto de su trabajo a aquellos holgazanes que no hicieron nada por ayudarle a
hornear cinco panes. Dicho relato se
yuxtapone con una fábula de un hombre que sale de viaje con su camello al
desierto, quienes son golpeados por una tormenta de arena, en donde poco a poco
el amo llega a ser engañado por su camello al utilizar los mismos artilugios que utilizan los
gobernantes, al grado de quedarse fuera de la tienda que lo protegía.
Obsérvese lo que sucede, toda
aquella persona que posee una intención clara de lo que desea, puede lograrlo por
medio de pequeños pasos, de los cuales dará uno a la vez, con la sagacidad
suficiente podrán engañar a muchas personas en este proceso.
En la actualidad, existen muchas
formas para hurtar de manera legal, una de ellas se puede observar en la
dicotomía existente entre la Constitución Política de la República de Guatemala
y su práctica. En el Artículo Dos
Deberes del Estado, establece que “Es deber del Estado garantizarle a los
habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la
paz y el desarrollo integral de la persona”, los jurisconsultos también
señalan que es "obligación del Estado el garantizar no sólo la libertad, sino
también otros valores, como son los de la justicia y el desarrollo integral de
la persona…”.
Se puede decir
que las leyes guatemaltecas protegen los derechos inherentes al ser humano, sin
embargo, en la práctica, esto es completamente diferente.
Para empezar, habla de la persona
como un ser humano, sin identificación o etiqueta particular alguna, pero en la
realidad guatemalteca esto no se da, pues se marca una gran diferenciación según
el sexo y la etnia del individuo, en donde no siempre la mujer o el indígena son los más desprotegidos, sino todo lo contrario a lo que se dice comúnmente.
Una forma simple de observar este
hecho es que en los Juzgados del país, existe un orden de protección, en donde
prevalecen primeramente los derechos del niño, seguido de los derechos de la
mujer, por último el varón.
Pero a esto es necesario agregar
otra variante, si la mujer es de origen indígena, tiene preeminencia sobre los
derechos de la mujer mestiza o latina.
Es lógico pensar que se protege
en este caso al más débil, por ello se da un orden de prioridad, al empezar con los
niños y posteriormente a la mujer, lo que vulnera por completo los derechos del
varón ante este hecho. No se entrará en
debate si es correcta o no la ley de protección a la niñez y la mujer, sino de
sus efectos.
Es bien sabido que
históricamente, ha existido una marcada tradición sobre el patriarcado en las
familias guatemaltecas, principalmente en el área rural, por tal motivo, las
mujeres se llegan a considerar un blanco fácil de agresión, lo cual motiva
crear los mecanismos necesarios para protegerla, por ello en el dos mil ocho
entran en vigencia estas normativas legales.
En este punto, es necesario entrar en
una campaña de concientización, en donde se victimiza de forma desmedida a la
mujer, se instruye a las niñas, jovencitas y mujeres en general que denuncien
si se consideran que son violentados sus derechos, ya que la ley las protegerá.
Como parte de este trabajo,
también se hacen todos los esfuerzos posibles para que la mujer posea aquellos
derechos de los cuales había sido despojada en el transcurso del tiempo, que
los exigiera, porque ella fue víctima históricamente, por lo que ya era tiempo
de que pudiese sentirse segura.
Se podrá decir, que era necesario
hacer este tipo de reformas en el país e incluso que se había tardado mucho en
establecer un estamento que ayudará a protegerla, ya que las intenciones de la
misma eran nobles y muy respetuosos.
Hoy, doce años después de
realizar un trabajo arduo para que la mujer pudiese tener un espacio en la
sociedad, resulta que tiene tanta protección como privilegios, que nunca se
ocuparon en indicar que cada derecho trae consigo obligaciones y
responsabilidades inherentes unas de otras, además, que las mismas son irrenunciables.
Todo esto provoca que hoy por
hoy, sea el varón quien pierda su derecho expresado en el Artículo Cuatro
Libertad e igualdad, de la misma Constitución Política de la República de
Guatemala, el cual reza: “En Guatemala todos los seres humanos son libres e
iguales en dignidad y derechos. El
hombre y la mujer, cualquiera que sea su estado civil, tienen iguales
oportunidades y responsabilidades.
Ninguna persona puede ser sometida a servidumbre ni a otra condición que
menoscabe su dignidad. Los seres humanos
deben guardar conducta fraternal entre sí”.
Irónicamente, el mismo cuerpo
legal indica claramente que el sometimiento de una persona a otra la
constituye en su sirviente, lo cual queda expresamente prohibido, pese a ello y
como consecuencia de los diferentes tratados internacionales ratificados en
Guatemala, contradicen de forma directa las leyes de una nación.
Nuevamente, las intenciones no eran malas, sin embargo, las normativas interpuestas por
órganos que desconocen la realidad de cada situación, exigen que se apliquen
leyes en pro de sus intereses, puesto que mientras más casos reporten de
violencia contra la mujer, en cualquiera de sus manifestaciones, recibirán más
fondos, por lo que al final, si la mujer es o no víctima, se constituye en un
negocio altamente lucrativo para ellos, ya que nunca reportan aquellos casos
que son falsos, sino únicamente las demandas recibidas.
Así como este caso, se pueden
enumerar muchos otros, inclusive lo que aqueja en la actualidad al mundo, con
la Pandemia del Coronavirus COVID-19, en donde el gobierno lucra y paga favores
políticos a costa de la vida de los ciudadanos por medio del pánico que
infunden en la población, para justificar sus “buenas obras en pro del
bienestar común de la población guatemalteca”.
Es importante enfatizar que nadie,
absolutamente nadie, en su sano juicio estará dispuesto a perder su libertad de
actuar de un solo golpe, pues de alguna manera u otra es consciente de su
situación actual, sin importar cuál sea, es mucho mejor que aquella en la que
se le prive de todo, particularmente que el fruto de su trabajo sea para otros
que no son capaces de ser autosuficientes, ya que esto implicaría ser esclavo
de aquel a quién debe entregar en un supuesto voluntario sus ganancias
obtenidas, sin más ni más.
Es por ello que la pérdida de la libertad
individual, únicamente se alcanza por medio de pequeños artilugios, prácticas,
actos, discursos o favores, e inclusive, por el evitar confrotamientos se
llega a ceder poco a poco, al grado de alcanzar el punto de no retorno.
