Las leyes, los mandatos y el orden social

Imagen extraída de Google, con fines ilustrativos
 
Como bien dijo el poeta cubano José Joaquín Palma, ¡Guatemala feliz…! Ya tus aras, quien inspirado en los sucesos revolucionarios en pro de la independencia de su amada Cuba, quiso indicar con estas simples y sencillas palabras, lo glorioso que era la nación guatemalteca en esa época, y ¿qué era esto?, la felicidad.  Si hoy estuviese vivo, sería interesante leer, qué palabras usaría para dar inicio al Himno Nacional, puesto que hace ciento veinte años, en mil ochocientos noventa y siete, Guatemala, como sociedad vivía en una condición diferente a la de hoy día.

La historia misma enseña, la forma tan descarada en que los principios de derecho y libertad, han sido destruidos, detentados por aquellos quienes debía de cuidarlos, para que pudiesen prevalecer ante cualquier acechanza, o evento que pudiese poner en peligro dichos preceptos tan hermosos e importantes, en la vida de toda persona que vive dentro de las fronteras del territorio nacional, ora origen o etnia, ora religión o costumbre, ora género o edad.

Sin embargo, en este caso, abordemos un suceso que está destruyendo la familia, como institución principal de la sociedad, en donde las grandes eminencias y procuradores de la ley, en su sabiduría, consideraron que la mejor manera de prevalecer los derechos establecidos por los más desfavorecidos, por sus circunstancias sociales, se veían amenazados, por los otros integrantes del seno familiar.

En el Artículo Uno (1) Protección a la Persona, de la Constitución de la República de Guatemala, establece que “El Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y a la familia; su fin supremo es la realización del bien común”.  Y en su Artículo Cuatro (4) Libertad e igualdad, indica que 

“En Guatemala todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos. El hombre y la mujer, cualquiera que sea su estado civil, tienen iguales oportunidades y responsabilidades. Ninguna persona puede ser sometida a servidumbre ni a otra condición que menoscabe su dignidad. Los seres humanos deben guardar conducta fraternal entre sí. “

Sin embargo, a finales de la década de mil novecientos ochenta, sale a la luz del mundo, los primeros artículos relacionados a los derechos del niño, a raíz de los diferentes intentos hechos en años anteriores, y no es hasta esta convención sobre los derechos del niño, en donde da inicio la prevalencia de ellos sobre los padres en el hogar.

Éste fenómeno causó un gran caos sobre la sociedad guatemalteca, puesto que eran los niños que empezaron a mandar en los hogares, a establecer las reglas y normas de convivencia dentro del hogar, en lugar de ser los padres de familia, que pudiesen cumplir con dicha responsabilidad.  Dichas leyes lo único que promulgaron fue, que los hijos, no permitiesen que sus propios padres los disciplinaran, porque lo primero que hacían era amenazarlos con demandarlos.

En el año dos mil ocho, se instituye en Guatemala la Ley de Femicidio, la cual, con un espíritu aparente de igualar a la mujer, como género débil de la sociedad, propone que los derechos de la misma son superiores al del hombre; propiciando con ello, que no sólo los hijos puedan demandar a los padres, sino la esposa, tenga las herramientas legales para encarcelar al padre de familia.  Tristemente, en Guatemala, históricamente las mujeres han sido vulneradas, pero por cuestiones culturales, y pretendiendo erradicar dichas injusticias, que por muchas generaciones se venían observando, crearon estas leyes, según ellos, para que de forma inmediata desaparecieran estos abusos.

Han sido tan terribles y devastadores los resultados obtenidos por estas legislaciones, con el afán de proteger a la familia, que leyes menores se han impuesto sobre las mayores, tanto así, que la preocupación de la destrucción familiar, se ha generalizado a nivel mundial, cada país con su propio fenómeno, que el mismo Vaticano, en el año del dos mil catorce, celebró el primer coloquio “Humanum” en Roma, sobre la complementariedad entre hombre y mujer, en donde fueron invitados muchos especialistas del tema, entre ellos, líderes religiosos, del mundo entero. 

Dicho coloquio, fue nuevamente abordado en este año en New York, siempre con la misma metodología, y es interesante, que éste hecho se ha convertido tan dañino y corrosivo, que el Papá Francisco concluyó diciendo 

“La familia es un hecho antropológico, y por eso un hecho social y cultural. No podemos calificarla con conceptos de naturaleza ideológica que sólo tienen fuerza en un momento de la historia y que luego caen. No se puede hablar hoy de familia conservadora o familia progresista. La familia es la familia”.[1]

Por ello, la interposición de los derechos de unos sobre otros, únicamente provocaran un caos social, que si no se llega a comprender, el único ser destruido, a raíz de dichas disposiciones, será el hombre mismo, y con ellos, la sociedad per se.

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