Domestícame

Imagen extraída de Google, con fines ilustrativos

 
Cuando se utiliza el término Iusnaturalismo, pocos son aquellos que lo comprende, sin embargo, sí se habla del Derecho Natural, sí se entiende, pese a ser una traducción del mismo, la cual difiere de la Ley Natural.  La primera, se debe a todo aquello que surge como un orden espontáneo entre los hombres y que posee la característica de adaptación permanente a su entorno de manera dinámica.  Mientras que la segunda es constante y no cambia e incluso, difícilmente podrá ser modificada, como sucede con la gravedad.

Como parte de los Derechos Naturales, Robert Nozick, menciona que: 

una persona... puede decidir hacerse a sí misma cosas que traspasarían los límites que rodean al espacio moral de su persona si fueran hechas por cualquier otra sin su consentimiento...  El consentimiento voluntario abre la frontera para cruzar...  Mi posición no paternalista sostiene que alguno puede decidir (o permitir a otro) hacerse a sí mismo cualquier cosa, salvo que haya adquirido la obligación ante cualquier tercero de no hacerlo o no permitirlo.

Ahora bien, habla de la libertad que posee un individuo y de la transferencia de su libertad de manera voluntaria, lo cual, dicho enunciado se yuxtapone con lo que se lee en la obra “El Principito”, del famoso aviador y escritor francés, Antoine Marie Jean-Baptiste Roger Conde de Saint-Exupéry (1900 – 1944), cuando este personaje ficticio conoce a un zorro, con quien entabla el siguiente diálogo:

… Soy un zorro, dijo el zorro… No puedo jugar contigo – dijo el zorro –.  No estoy domesticado… ¿Qué significa “domesticar”?… - dijo el principito -. ¿Qué significa “domesticar?... ¿Qué significa “domesticar”?... Es una cosa demasiada olvidada – dijo el zorro –.  Significa “crear lazos”.  ¿Crear lazos? Sí – dijo el zorro –.  Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos.  Y no te necesito.  Y tú tampoco me necesitas.  No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros.  Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro.  Serás para mí único en el mundo.  Seré para ti único en el mundo… Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso!... El zorro calló y miró largo tiempo al principito: ¿Por favor… domestícame! – dijo... ¿Qué hay que hacer? – dijo el principito.  Hay que ser muy paciente – respondió el zorro –…

En estos fragmentos de la conversación sostenida entre el principito y el zorro, éste último le entrega de forma voluntaria su propia vida, al grado que le ruega y explica como adueñarse de ella.

¿Qué pasa entonces con las personas que prefieren poseer un amo de forma voluntaria?, o aun peor, ser esclavo de sí mismo o de sus propias pasiones, como bien lo mencionaba en su obra “Los Fundamentos de la Libertad”, el filósofo, jurista y economista austriaco, Friedrich August von Hayek 1899 - 1992).

Se puede mencionar a los programas de bienestar social que el gobierno promueve, por medio de estos llega a pretender que es un ser todo poderoso, el único capaz de poder resolverles los conflictos, desafíos y desavenencias de su vida.

Incluso existe otro ente que se vuelve esclavizador de la persona, que hasta hace poco tiempo se empezó a hablar de él en los diferentes medios de comunicación, puesto que sus efectos cada día son más devastadores y que lamentablemente se ve su presencia con más fuerza en la sociedad, principalmente en la familia, las cuales reciben el nombre coloquial de relaciones tóxicas, en donde uno de los integrantes se somete voluntariamente al otro, con el único propósito de evitar conflictos al ceder su espacio y su libertad, sin darse cuenta que en cada momento se constituye en su cautivo.

Así como los ejemplos ut supra descritos, se pueden mencionar muchos otros más, por lo que queda la pregunta ¿qué tan fácil es domesticar a una persona, sin que esta se dé cuenta de ello y ceda voluntariamente su libertad?

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