Juan de Mariana, un polémico sacerdote Jesuita, en el año de mil quinientos noventa y ocho, hace de manifiesto su inconformidad al abuso del poder de los gobernantes, sobre los gobernados, y como los primeros se hacen más ricos a expensas de la pobreza y miseria de los últimos.
Es por ello que Juan de Mariana se expresa de una forma muy directa y tajante sobre el tema, y no deja duda alguna de su inconformidad en la manera de proceder de los tiranos
… típico como aquel que “sustrae la propiedad de los particulares y la saquea, impedido por vicios tan impropios de un rey como la lujuria, la avaricia, la crueldad y el fraude… los tiranos intentan perjudicar y arruinar a todo el mundo, pero dirigen sus ataques en especial contra los hombres ricos y justos que viven en su reino, consideran el bien más sospechoso que el mal, y temen como a anda precisamente esas mismas virtudes de las que carecen… los tiranos expulsan del reino a los mejores con la excusa de que ha de rebajarse a quienquiera que destaque sobre el resto… dejan exhausto al pueblo para que no pueda reunirse, exigiendo casi a diario nuevos tributos, promoviendo disputas entre los ciudadanos y empalmando el fin de una guerra con el comienzo de otra. De situaciones así sugieren las pirámides de Egipto… el tirano no puede menos de temer que aquellos a quienes esclaviza pueden intentar derrocarlo… por eso prohíbe que los ciudadanos se reúnan o formen asambleas o discutan en común los asuntos del reino, arrebatándoles con métodos propios de policía secreta la ocasión misma de hablar o escuchar con libertad, impidiendo incluso que puedan expresar sus quejas libremente… (pie de nota número 6, Nuevos Estudios de Economía Política, p. 251)
Hace ya cuatrocientos veinte años (2018) que dichas críticas fueron expuestas, y se dan a conocer las distintas técnicas utilizadas por aquellos que ostentan el poder, sobre todo de la sutiliza en usar dichas estratagemas, para engañar y cegar al pueblo.
A pesar que dichas prácticas son muy comunes, hoy en día, todavía las personas, es decir el pueblo, no ha aprendido que ellos son los encargados de poder decidir quien los va a dirigir por medio de su voto.
Por más triste y dolorosa que sea la realidad, es fácil comprar la voluntad de los votantes, y son engañados por más de una ocasión, tanto así que llegan a considerar que no importa que el gobernante robe, siempre y cuando realice obras, total todos roban.
A tal grado han llegado a penetrar las viejas y antiguas artimañas practicadas por siglos, que todavía el día de hoy, tienen el mismo poder que antes, por tal motivo, los gobernados siguen en el mismo error, al momento de elegir a sus gobernadores.
Queda pues, quedar a la espera y observar lo que estará a punto de acontecer en el año dos mil diecinueve, en los comicios electorales, para elegir un nuevo gobernante, no se diga así, de los posibles escándalos políticos que llegasen a surgir del gobierno actual. Este hecho es algo que se repite a cada cuatro años, y pese a las malas prácticas en los diferentes gobiernos, todavía la población guatemalteca no ha aprendido de dichas experiencias.
Por tal razón, es necesario leer y comprender el enunciado de Juan de Mariana, para evaluar si es necesario volver a censurar lo que hace tantos años escribió o, por el contrario, dar a conocer estas premisas tan básicas, y que los electores puedan tener un mejor criterio al momento de efectuar su voto, para esperar un mejor futuro para la nación.
