A finales del siglo diecinueve (XIX), y a inicios del siglo veinte (XX), se pueden observar una serie de intereses políticos, en el territorio europeo y Japón, en donde el personaje principal es Alemania, por la nueva forma de gobierno que se llega a implementar por Guillermo II, tras la salida de Bismarck, lo cual provoca una ruptura de varios convenios internacionales.
Dichos tratados, estaban conformados por la combinación de dos o más naciones, entre los que destacan Rusia, Inglaterra, Alemania, Francia, Japón y USA, quienes tras la Segunda Revolución Industrial, cada uno deseaba extender su territorio, o bien sea, dar a conocer su poder militar ante las otras naciones del mundo.
Como resultado que los tratados no fueron renovados, da inicio a las guerras entre los países europeos. Sin embargo, en una iniciativa para alcanzar la paz, se empieza a celebrar los Tratados de Versalles, sin ningún alcanzar el resultado deseado, empieza la Primera Guerra Mundial.
Al término de dicho enfrentamiento, vienen los gloriosos años veinte, de fiesta y de consumo excesivo, en donde los Estados Unidos gana terreno en la bolsa de valores, llevándolo a un crecimiento económico acelerado, lo que permitió la formación de una burbuja especulativa, financiada por el crédito, lo que da pie a la Gran Recesión de mil novecientos veintinueve, la cual se prolongó hasta finales de la década de los treinta e inicios de los cuarenta, ya que su impacto fue a nivel mundial.
Pese a todos estos eventos, surge en mil novecientos treinta y nueve la Segunda Guerra Mundial, la cual finaliza en el año de mil novecientos cuarenta y cinco, el cual deja otra devastación entre la población de Europa, pobreza y países qué reconstruir.
En medio de toda esta polémica global, John Maynard Keynes, presenta en mil novecientos treinta su obra El Tratado del Dinero, el cual fue cuestionado un año después por Friedrich August von Hayek, al exponer las deficiencias que dicho escrito poseía, creando así una polémica entre ambos economistas, la cual quedó registrado por medio de la correspondencia que existió mientras debatían dichos personajes; Sir John Richard Hicks expuso acerca del tema lo siguiente:
Cuando se escriba la historia definitiva del análisis económico durante la década de 1930, el profesor Hayek será uno de los protagonistas del drama (porque qué duda cabe que se trató de un drama). Los escritos económicos de Hayek (no hablo aquí de sus últimas obras en los campos de la teoría política o la sociología) resultan casi desconocidos a los estudiosos de hoy, ignorantes incluso de que hubo un tiempo en que las nuevas teorías de Hayek rivalizaban con las de Keynes. ¿Quién tenía la razón, Keynes o Hayek? (Contra Keynes y Cambridge, 1995, p. 1 – 2)
Dicha interrogante ha generado diversidad de respuestas, sin embargo, ninguna ha sido cien por ciento aceptada por todos los economistas en el mundo, cada quién ha presentado sus conclusiones sobre el tema, pero el verdadero problema de fondo, se debe a los galimatías en los términos de Ahorro e Inversión.
Keynes, establece que el ahorro desestimula la circulación del dinero, porque se constituye en dinero muerto, lo cual da como impacto directo la falta de consumo, y al existir esta carencia, no se puede dar la inversión, porque no se cuenta con capital.
Dicha política fue muy bien aceptada, especialmente por la época y daños creados por la Guerra Europea, Primera Guerra Mundial, la crisis de la Bolsa de Valores, y la Gran Recesión, puesto que parecía ser la solución que tanto requerían los países del mundo para poder inyectar más capital a los gobiernos, y poder dar fin a los estragos heredados por casi dos décadas.
Como toda distorsión artificial, en el entorno económico, da la impresión que estos mecanismos generan más riqueza, por la impresión que llegan a dar, ya que sus resultados son a corto plazo, pero los daños colaterales, se perciben a mediano y largo plazo.
Hayek, por su lado, logró visualizar las verdaderas consecuencias que dichas políticas iban a generar en el largo plazo, y de la burbuja que se estaba creando, en el corto y mediano plazo. Es por ello que hace sus comentarios sobre el tema. Razón por la que surge la polémica entre ambos economistas.
F. A. Hayek, aclara que el ahorro, lejos de desacelerar la circulación monetaria, promueve la estabilidad de la misma, puesto que no se maneja dinero inexistente, y el sistema financiero se ve obligado a otorgar y manejar únicamente las reservas que posee, para no generar con ello una bolsa de créditos, sin respaldo.
Por otro lado, indica que la inversión se da gracias a la capitalización, la cual también es un resultado del ahorro, y no del gasto o consumo desmedido. Sus argumentos, iban por completo en contra de la tendencia del momento, por lo que no fue muy bien aceptada.
Mientras que algunos países de Europa, Asia y Estados Unidos visualizan lo que Hayek enuncia, Latinoamérica permanece con las premisas de Keynes, al igual que el resto de países del mundo.
El mismo Hayek incluso llega a lamentar que Keynes no vivió lo suficiente, para poder apreciar por él mismo los efectos devastadores del uso de los galimatías en los términos del ahorro y la inversión, los cuales promovió con gran poder de convencimiento en sus escritos, y que los mismos han permeado ya varias generaciones y gobiernos.
Pese a ello, Hayek en unos de sus escritos, comenta que en correspondencia recibida por Keynes, que éste empezó a ver hacia donde conducían sus premisas, sin embargo, tres meses después de recibir dicha carta, fallece sin hacer ninguna otra aportación sobre el tema.
Ante la interrogante plasmada por Sir John Richard Hicks, se puede resumir que todo depende del punto de vista del lector o crítico al observar dicha pregunta, sin embargo, el tiempo ha demostrado que el ahorro como medio de limitar la circulación del dinero, y el consumo como medio de inversión, no han logrado evitar la pobreza de las naciones, por el contrario, las ha empobrecido aún más.
