El mal uso de los precios

Imagen extraída de Google, con fines ilustrativos

 
En muchas y diferentes épocas de la historia de la humanidad, los países del mundo, sin excluir a Guatemala, han tenido la fascinación de adulterar el precio que los mismos mercados establecen de forma natural, pretendiendo que de esta manera crearán un mecanismo mucho más perfecto, en donde utópicamente se mantenga un equilibrio entre la producción y el consumo.

Lo más triste y lamentable es, notar que la mayoría de la población aprueba este hecho, ya que a su percepción, que es muy limitada, creen que se están protegiendo los intereses de los consumidores, sobre los tiranos productores que se enriqueces vilmente de ellos.

Sin embargo, poco conocen sobre el tema de la manipulación de los precios, y de sus efectos tan catastróficos sobre toda la sociedad, tanto a nivel nacional como internacional.  Ahora bien, dicha práctica, se le conoce comúnmente como precios mínimos y máximos, o más comúnmente precios topes, de los cuales, Guatemala ha sufrido de los dos.

En la administración de Alfonso Portillo, se produjo un efecto utópico de riqueza y estabilidad económica, y esto fue derivado a la forma tan astuta de actuar con los precios, realizando un juego tal, que no pudiese verse el proceso inflacionario que se estaba generando en la población guatemalteca.

¿Pero cómo lograron disfrazar una inflación constante, y que nadie se diera cuenta de lo que estaba sucediendo? El proceso fue muy sencillo, por medio del uso de precios topes de forma administrada.  La forma practicada, era por medio del aumento del salario mínimo, para disfrazar la pérdida del poder adquisitivo de la moneda, logrando con ello “equilibrar el dinero en circulación”.

Mientras se estaba generando una inflación y el dinero perdía su valor, existía un aumento en el salario casi similar al de los puntos porcentuales a la tasa inflacionaria.  Esto provocaba una gran aceptación por parte de la población, porque sensorialmente, se percibía que se poseía más dinero en la mano, si bien era cierto, únicamente se daba en valores nominales, más no así, en su valor real.

Ahora bien, ¿por qué no hubo quejas sobre esta diferencia entre valor nominal y real? La respuesta es tan sencilla y digna de lamentar, siendo esta: La ignorancia.  Tristemente, no se conoce la diferencia entre ambos conceptos, debido a ello, es fácil hacer este tipo de juegos monetarios, los cuales se dieron sin percibirse por la población en general.

De esta manera fue fácil engañar a la ciudadanía, por medio de hacerles creer que tenían más dinero en su poder, pero nunca percibieron que podían comprar menos bienes o servicios con esa misma cantidad de dinero.

Tal es el grado de la ignorancia, que cuando sólo hubo un aumento los precios, y no así el salario mínimo, inmediatamente solicitaron que La Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor sacara su varita mágica, para que controlara la subida de dichos montos, y que estos no sobrepasen lo ya establecido e impuesto por el gobierno, y de esta manera el dinero con el que en un día hicieron fiesta, pueda alcanzarles para cubrir sus necesidades.

Empero, ni aun llegando a requerir la intervención del gobierno para que controle el alza de los precios, se dan cuenta de que tanto el salario mínimo, como el control de precios por la DIACO, provoca la destrucción de la economía familiar y de la nación.

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