¿Quién manda?

Imagen extraída de Google, con fines ilustrativos

 
Desde la promulgación del manifiesto comunista, se ha proliferado en el mundo el término del capitalismo, en su concepción errónea, tal es el caso que se establecen las clases sociales para poder identificar y justificar dichos preceptos.

Lo normal y común a escuchar con relación al empresario, son los constantes ataques en contra de su integridad como persona o individuo, incluso llegan a poner en tela de juicio su ética, y los valores que los mismos puedan tener desde el seno familiar, ya que inculpan constantemente a la parte patronal como aquellos burgueses que únicamente desean aprovecharse y vivir del fruto del trabajo de los pobres y desprotegidos obreros.

Tan grande ha sido la demagogia enseñada con relación a los denominados burgueses, que incluso llegan a maldecirlos con toda clase de falacias, hasta por el simple hecho de existir.  Es más, pretenden indicar que gracias a estos desalmados personajes, la pobreza se ha extendido cada día más sobre ellos.

Es tan grande la aberración que han dicho en contra de la parte patronal, que incluso han olvidado el verdadero papel que juegan todos en el mercado, puesto que esa es la verdadera cancha de juego, por un lado se encuentra el empresario, y del otro el consumidor.

Siguiendo los preceptos mal enseñados e inculcados hasta hoy día en la sociedad, en donde únicamente la parte patronal va a ganar en todas las ocasiones, significa que el árbitro deberá fallar siempre a favor de ello, sin importar las trampas y de las faltas que llegasen a cometer.

Así mismo, el mismo árbitro, deberá en todo el tiempo marcar cualquier tipo de falta en contra de la parte de los consumidores.  De esta manera, es que el empresario sería beneficiado en todo el tiempo, y sin importar lo que haga, siempre ganará, pasando por encima de toda regla existente en el juego.

Si bien es cierto, esta es la realidad guatemalteca, no es así cuando se logra practicar un juego limpio, en donde se respetan las reglas del mismo, puesto que en ningún momento quedará en las manos del árbitro el decidir merced quién será el ganador del partido, ni tampoco podrá imponer aquellos intereses que lo motivan a sancionar sin razón alguna a quién él así desee, o peor aún, fallar a favor del mejor postor.

Ahora bien, ¿qué sucede en una cancha en donde las reglas del juego se cumplen?, el empresario podrá contar con un equipo fuerte, de grandes jugadores, estrellas del deporte, especialistas y grandes figuras en el puesto que juegan.  Mientras que en la parte del consumidor, aparentemente tendrá un equipo débil, frágil, sin mayor talento, incluso, no cuenta con las habilidades necesarias para poder enfrentarse al otro equipo.

Fácilmente se puede visualizar a un David contra Goliat, sin embargo, no todo se encuentra perdido, porque aquellas pequeñas piedras y la honda con la que cuenta este pequeño equipo, se llama la preferencia del consumidor, puesto que son éstos chiquillos e incluso hasta insignificantes personas las que decidirán qué, cuánto, dónde y cómo se van a consumir los bienes y servicios que se adquirirán, dándole así en la frente al gigantesco Goliat, y derrumbarlo.

Tal es el caso, que es el consumidor quien decide la permanencia del empresario en el juego, ya que en su selección de aquel proveedor que más satisfaga sus exigencias, será el que sobreviva a este intercambio.

Por lo qué, se puede resumir que en realidad quién manda en este juego de intercambio de bienes y servicios, es el consumidor, mas no así el empresario.

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