Es claro ver que
muchos autores, docentes, e incluso filósofos, llegan a culpar de forma directa
a las religiones como parte del sub desarrollo y pobreza de la humanidad, alrededor
del mundo y en diferentes épocas de la historia humana, sin embargo, dicho
vocablo proviene del lat. religio, -ōnis,
y según la Real Academia Española, la interpreta de la siguiente manera:
“Conjunto
de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y
temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de
prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto;
Virtud que mueve a dar a Dios el culto debido”.
Sin embargo,
por más que se utilice dicho término, en las escrituras, en ningún momento se
menciona, es más, ni el mismo Señor lo usa en sus enseñanzas, entonces, si
dicha palabra no existe en la Santa Biblia, ¿por qué es una identificativo de
la relación entre el hombre y la Deidad?, si tal vocablo no es utilizado por
aquellos que enseñaron en la antigüedad la doctrina del evangelio. Tal es el caso que la palabra cristiano,
tampoco es un vocablo que exista en los escritos sagrados, y por tal motivo, ¿será
correcto relacionar la palabra religión o cristiano con la fe a la Deidad?
Para poder dar
respuesta a tal interrogante, se hace imperioso, seguir estudiando la historia,
y comprender que durante el imperio romano, fue necesario distinguir entre los
que eran seguidores del Dios de los Judíos, Jesucristo, de entre el resto de la
población, y es por ello que se les empieza a llamar cristianos. Por el otro lado, dicha diferenciación ya
existía entre el pueblo elegido por Dios, porque eran conocidos como los
descendientes de Abraham, la casa de Israel, la casa de David, o de Judá, y
todos aquellos que no eran descendientes de ellos, eran llamados gentiles.
En el caso muy
particular del imperio romano, se vio en un gran dilema, el pueblo denominado
como cristiano, había crecido de tal manera, como en el antiguo Egipto, y
estaban perdiendo el poder y el control sobre dicha población, por lo que era
necesario buscar una forma conciliatoria, porque eran superados en número, y
siguiendo la tradición romana, en respetar las prácticas ceremoniales de cada
cultura, Constantino el Grande, como emperador romano, decide unirse al
cristianismo, dando así vida a la Iglesia Católica, y autoproclamándose como el
primer Papa, logrando así el equilibrio que tanto necesitaba el imperio de Roma,
para mantenerse en el poder sobre todas sus tierras y conquistas.
Ahora bien, no
fue la Iglesia que invadió con su poder al gobierno, históricamente el
gobierno hizo uso de ella, para poder tener control sobre las personas que vivían
en las fronteras romanas, bajo las creencias, que denominaron cristianas.
Tristemente, “El
poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”, como bien
lo expresa Lord John Emerich Edward Dahlberg Acton, pero sobre todo en la
esencia de su célebre frase, ya que lo que él trataba de indicar es que todo
recurso, por más bueno que sea, en las manos equívocas, pueden corromperlo, por
el poder que le es conferido.
Es en este
punto que entonces Rougier tiene razón al decir:
“La
intención del mensaje cristiano no era reformar la sociedad. Su propósito era anunciar la inminencia del
Reino de Dios y la necesidad de prepararse… Mientras esperaba en gran juicio…”.
Más aun así, Rougier, cae en el clásico error de
todos al decir que la religión esclaviza y nos condena, ya que lo único que
busca, es el perfeccionamiento de las almas humanas, en todo caso, él debió
haberse referido a los líderes que corrompen dichos propósito, por la necesidad
natural del hombre, en creer en un ser supremo que los guía.
