Louis Rougier
explica claramente que tanto los griegos como los romanos, dieron grandes
aportes a la libertad, y que se llega a la conclusión que:
“Sin
orden la libertad degenera en libertinaje, y la democracia en anarquía. Definir para cada hombre y para cada
situación lo que es legal y fijar para cada acto privado y público su
procedimiento correcto es una protección indispensable contra el poder
arbitrario. La ley permite a los hombres
conocer cuáles son los derecho y obligaciones, qué clase de conducta se espera
de ellos e las innumerables situaciones que surgen en la vida familiar y
social, qué harán los poderes públicos (y qué no harán)” (El Genio de Occidente,
segunda edición, página 51, 2005).
Ahora bien, muchos
escritos existen en el mundo con relación a la palabra de libertad, y dentro de
los diferentes significados encontrados, algunos consideran que el hombre per
se, jamás será cien por ciento libre, y que dicho ser se sentirá libre,
mientras menos coerción posea, ya que siempre estará sujetos a leyes, no
importando la naturaleza de las mismas, pudiendo ser estás leyes naturales,
físicas, sensoriales o artificiales, entre otras.
Mientras otros
consideran que si el hombre no llega a gozar de una plena libertad, éste
siempre será esclavo de aquello que lo reprime, y por ello erróneamente dicen:
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Sí, y habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos, porque mañana
moriremos; y nos irá bien.
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Y también habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos; no obstante, temed
a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; sí, mentid un
poco, aprovechaos de alguno por causa de sus palabras, tended trampa a vuestro
prójimo; en esto no hay mal; y haced todas estas cosas, porque mañana
moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos azotes, y al fin
nos salvaremos en el reino de Dios.” (https://www.lds.org/scriptures/bofm/2-ne/28?verse=7&lang=spa#p7).
Sin embargo, la
filósofa y escritora estadounidense de origen judío ruso, Ayn Rand, de forma
muy sucinta expresa, que mientras el fruto del trabajo de una persona, le
pertenezca a otra, se es esclava de ella.
Así mismo, el filósofo, jurista y economista de la Escuela Austríaca,
Friedrich August von Hayek, dice que un individuo puede ser esclavo hasta de
sus propias pasiones.
Acertadamente,
el soldado, novelista, poeta y dramaturgo español, Miguel de Cervantes
Saavedra, dejo plasmado en su obra maestra, los sentimientos que embargaron su
corazón con relación a la libertad, tras haber pasado un largo tiempo
encarcelado, expresándolo de la siguiente manera:
“La
libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron
los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni
el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe
aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede
venir a los hombres…” (El Quijote de la Mancha, Capítulo LVIII).
Por todo lo ad
supra indicado, se puede ver que la libertad per se, no es perversa, sino que
es el hombre quién la pervierte para su propios fines, destruyendo así, todo
aquello que es tan valioso y hermoso, de lo cual gozamos como seres humanos, con
el único objeto de alcanzar sus intereses personales, sin importar a quién o a
quienes se les perjudica.
