Es triste y
lamentable ver, como cada día que pasa, la sociedad guatemalteca se hunde más
en la demagogia política partidista, y aquellas personas que participan para
ostentar cargos públicos, lo hacen ya con el alma vendida al mejor postor, y
que denominan padrino o financista de la campaña política.
Dicho fenómeno, cada vez se enraíza más en la sociedad, a tal grado, que es normal
para todos observar cómo dichos personajes llegan al poder, para obtener
beneficios personales por medio del gobierno, incluso para pagar los favores
que adeudan, para recuperar aquella supuesta “dignidad” que tanto proclamaron
durante su campaña política, destruyendo así, únicamente a la cosa pública, y pervirtiendo
su verdadera naturaleza y razón de ser.
Cuán acertado es Rougier al decir:
“Así
como la larva rompe su crisálida para formar un insecto más perfecto; estas
sociedades rompieron los esquemas de ancien
régime. La voluntad real basada en
privilegios, por la igualdad ante la ley; los cargos exclusivos, cerrados a las
masas, por el libre acceso a toda posición; la soberanía de los príncipes, por
la soberanía del pueblo y la competencia del estado, por los derechos de la
persona humana” (El Genio de Occidente, segunda edición, página 171).
Sin embargo,
por más que se desee, para que Guatemala pueda adoptar estas premisas básicas,
aún hace falta mucho trabajo por realizar, y no por medio de la política
partidista, ya que, por este medio, nunca se alcanzará. Prueba de ello, es que en la actualidad se tiene
en la mira el caso de corrupción por medio de una empresa, y que llevo a cabo
sus negocios en la mayoría de los gobiernos de Latinoamérica, desde Guatemala
hasta Argentina.
Qué triste y
lamentable es ver como una empresa privada, con el propósito de poder ganar más
dinero, utilizo a los gobernantes, aquellos personajes que en su momento
ofrecieron a su nación, y aún más, a sus conciudadanos, el proteger la
soberanía de su pueblo, y lo único que han hecho, es destruirla.
Guatemala,
desde hace muchos años, no es la excepción de este fenómeno que arrastra a las
naciones que tiene como vecino, al grado, de ser un blanco más visible ante las
grandes naciones del mundo, incluyendo aquellas que dicen procurar cuidar la
libertad y la soberanía del pueblo, sin embargo, sucede todo lo contrario.
¿Cuándo será el
día en que dicha larva se rompa en Guatemala?, incluso, cuando será el momento
en que remonte su vuelo, más que el Cóndor y el Águila Real, y levante sus alas
hasta el cielo, resurgiendo así de las cenizas y decadencias partidistas, que
destruyen y corrompen día a día a esta nación.
¿Será necesario llegar a lo más profundo de la
sima, para que tanto los partidistas como los ciudadanos logren comprender que
es necesario hacer un giro de ciento ochenta grados?, logrando así surgir de la
miseria, y tratar de alcanzar un poco de progreso, tanto individual, como
político y social. ¿Es necesario estar
en los brazos de la muerte, para aprender a valorar y apreciar la vida?, ¿Por
qué esperar a que todo se destruya y se pierda, en lugar de construir y
establecer cimientos sólidos?, ojalá el capullo que envuelve a Guatemala pronto
logre romperse y permitir así conocer una nueva nación, en la que sus hijos
puedan progresar y tener la igualdad de ante la ley y los derechos inalienables
al ser humano.
