¿Quién sabe qué es la democracia?

Imagen extraída de Google, con fines ilustrativos


Hoy día se ha generado una gran polémica política con el uso apropiado e inapropiado de este modelo de gobernanza, muy a pesar que en todas las partes del mundo se escucha de este vocablo; así también, es muy normal encontrar su significado al español de gobierno del pueblo, pero que tristemente, aún no se han consolidado su conceptualización, ni unificado los criterios para la aplicación de una palabra tan común y a la vez tan compleja en su esencia misma, la cual dista su comprensión por aquellos que la profesan, al grado de cambiar a su propia conveniencia el uso de dicho término.

El profesor de Derecho Público de la Universidad de Buenos Aires, Doctor Héctor Rodolfo Orlandi (1915 – 2000), explica que en un Estado de Derecho:

“… el orden democrático es parte integrante del orden jurídico, y éste supone un orden democrático. 

Ello constituido un anhelo para el hombre en procura de una mayor seguridad jurídica que a su vez defienda a otros valores fundamentales que le son queridos.  Por esto, también, aparece aferrado al principio de legitimidad del poder, que consiste en la transmisión del mismo acuerdo con la legalidad instituída, y en algunas Constituciones lo ha extendido a que la forma republicana de gobierno no puede ser objeto de revisión”[1].

Con estas pocas líneas, el Doctor Orlandi, explica que la democracia es el medio apropiado para alcanzar un Estado de Derecho, el cual es tan anhelado y despreciado por muchos, ya que permite tanto la legitimidad del orden jurídico y la transición del poder pacífica elegida por el pueblo, así mismo, puede proveer los recursos para la pérdida de todo estamento que permita el establecimiento del mismo.

Lamentablemente, la democracia hoy día, ha sido un instrumento para poder llevar a todo tipo de persona al frente de una nación, que desconoce las premisas básicas de un Estado de Derecho, y actuando en nombre del pueblo y la democracia, únicamente buscan cómo alcanzar sus propios intereses a costillas de la misma población que lo llevo al asiento presidencial, con la creencia que es la solución al cáncer que está matando paulatinamente la estabilidad nacional, tal cual es el caso de Venezuela, Bolivia y Nicaragua, que tras varias elecciones populares, se han perpetuado en el poder, a líderes que no procuran el provenir de su nación, si no únicamente el propio. 

Guatemala por su parte, no está exento de estos eventos, porque también se encuentra en constantes altibajos en su gobernanza, ya que ha llegado a tener como presidentes líderes que únicamente buscan sus beneficios personales, y para el bien del país, no permanecen más allá de un periodo de gobierno, y pese a ello, sigue siendo muy afectada en forma constante, puesto que la población no logra comprender que la democracia es un medio de llevar a una nación de un estado a otro, y si dicho poder lo ejerce la ciudadanía, es utilizado de forma desinteresada, el efecto a largo plazo, será un país sin identidad cívica, con carencia de la conciencia del uso apropiado que el votar le provee, a tal grado que las generaciones del presente milenio, presumen de ser más activos políticamente que sus antecesores, pero que por desdicha desconocen la historia de la nación, se constituyen en las marionetas de los diferentes poderes que llega a tener Guatemala, sin importar que los mismos sean políticos o no, llegando a un punto de no retorno, detentando contra la verdadera democracia.



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