Hoy día, es tan triste y
lamentable, ver lo que para muchos parece ser algo muy normal, el detrimento
cultural que existe en la sociedad, no limitándose únicamente a las fronteras
guatemaltecas, sino que dicho fenómeno se está evidenciando a nivel
mundial. Sin embargo, no se puede decir
que toda la culpa es del gobierno, o de un grupo de personas en particular,
porque de ser así, ¿qué gobierno sería el responsable?, o, ¿qué grupo ha
estimulado este problema?
Empero, es necesario señalar que
ningún gobierno en particular, grupo social, o cualquier otro tipo de asociación
humana se le puede responsabilizar, a excepción del denominado núcleo de toda
sociedad, la familia, siendo esta la verdadera causante de la destrucción que
se vive día a día en todo lugar; ahora bien, ¿cómo es que esto se ha dado?,
¿cómo es que la familia ha causado tanto mal a la sociedad?
Para responder a estas dos
interrogantes, basta con decir que aquello que un día mantenía y preservaba el
seno del hogar, ha desaparecido, increíblemente la instauración de las normas y
los valores, por medio de la ética, son procesos de largo plazo, y de corto
plazo su pérdida. Esto se debe a que
inicialmente éstas se constituyen en los hábitos de una persona, la cual,
después las transformará en una tradición familiar, y con el tiempo, se
establecerán como costumbre.
Por lo tanto, existe un gran
problema ¿cómo crear buenas costumbres, que sean consideradas normas de recto
comportamiento?, antes de todo, se debe tener claro que una costumbre no nace
por nacer, puesto que todas las familias que conforman la sociedad, tienen
tradiciones propias, y no por ello, son costumbres sociales. Para ello es necesario, que dicha tradición
sea aceptada por todos, sin importar que no sea capaz de predecir todas las
posibles soluciones de un problema dado.
José Mujica, ex presidente de
Uruguay, en una ocasión dijo
“No le pidamos
al docente que arregle los agujeros que hay en el hogar… En la casa se aprende
a saludar, dar las gracias, ser limpio, ser honesto, ser puntual, ser correcto,
hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes y a los no tan
semejantes, ser solidario, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar
la propiedad y la propiedad ajena, ser organizado… en la escuela se aprende
matemáticas, lenguaje, ciencias, estudios sociales, inglés, geometría y se
refuerzan los valores que los padres y madres han inculcado en sus hijos… en conclusión,
si un maestro falla, es retirado de la escuela, pero si un padre falla, ese
error marcará a su hijo toda la vida.”
Lo cual se yuxtapone
perfectamente con lo que Hayek indica que
“En el caso de
la población infantil, resulta obligado advertir que, como es lógico, no ha de
operar un sistema de libertad ilimitada, ya que no son seres plenamente
responsables de sus actos. Aun cuando,
en términos generales, el interés de los mismo niños exige que el cuidado de su
bienestar, tanto corporal como mental, corresponda a sus padres o tutores, tal
circunstancia en modo alguno significa que gocen de omnímodo poder para
tratarles a su antojo… Los motivos para
exigir de padres o tutores faciliten, a cuantos se hallan sometidos a su
potestad, un mínimo de educación, aparecen perfectamente claros.”
Dicho tema, entra en dicotomía
con el acontecer diario la sociedad guatemalteca, y mientras estas premias
mencionadas empiecen a ser adoptadas, no se podrá pretender crear una
regulación, que intente instituirla como una ley, puesto que no logran
entender, que todo este proceso es completamente evolutivo, y por ende, también
es espontáneo, provocando con ello que no permanezca en un estado estático, ni mucho
menos que se pierda en el tiempo y/o lugar específico.
