Para fortuna de muchas personas, Guatemala tiene un sistema de gobierno asistencialista, el cual se ha enraizado en el funcionamiento del estado, instaurándose como el gran mal destructivo de la propia nación y para desgracia del resto de la población, éstos últimos, deben pagar lo que consumen aquellos quienes agradecen que el gobierno los mantenga y provean sus necesidades, de una forma bastante neófita y deficiente, pero al fin de cuentas, reciben lo que de otra manera, no podrían tener en su holganza.
Guatemala, por el eminente intervencionismo que posee, y que ha existido desde tiempos memoriales, por parte de aquel país, quién dice cuidar, proteger, pero sobre todo, establecer e instaurar la libertad de las naciones, ha sufrido considerablemente una destrucción profunda desde su gobernanza, puesto que se ve sometida a obedecer los caprichos y deseos de los gobernantes de aquella nación.
Hayek, sin embargo, comete un gran error, él mismo, dice en forma reiterada en diferentes escritos, que no existe una fórmula mágica que pueda resolver todos los problemas de las naciones del mundo, y aquello que funciona en un lugar, no precisamente deberá funcionar en otro, pero sobre todo, se debe evaluar las acciones tomadas, según las circunstancias, el lugar, el momento y la aceptación social; pero, será que en su época, nunca observaría lo que sucede en los países latinoamericanos, o simplemente, quedo embelesado con el dilema del “gran sueño americano”, derivado a la persecución que tuvo que afrontar ante el poder nazi.
En base a lo supra mencionado, muchos de los teoremas presentados por el autor, no son aplicables a Guatemala, por desdicha, en muchos aspectos del sistema de gobierno que posee actualmente la nación, se encuentra en pañales, muy a pesar que la obra fue escrita en la década de mil novecientos sesenta, y después de casi sesenta años de su publicación, dicho escenario no ha cambiado.
Hoy, Guatemala, no sólo crea constantemente programas asistencialistas, sino que la misma nación se ha convertido en un ente mantenido por los intereses de otros países, puesto que estos generosos poderes, tienen un gran deseo de subyugar al gobierno, sin importar el color que ocupe el asiento presidencial, y menos aún, lo que el Presidente de Guatemala desee hacer para el desarrollo del país, puesto que si no es de su conveniencia, simplemente, dejarán de proveerle los recursos para los programas sociales, que tanto abundan en el territorio nacional, y con los cuales, esclaviza los poderes del estado.
Dicho asistencialismo, existe a diferentes escalas en el país, muchos se quejan de éste sistema, lo critican, lo señalan, lo tildan, lo desprecian, y de ser posible desean erradicarlo, pero, cuando pueden sacar ventaja personal de este modelo, lo aprovechan sin titubear, no lo piensan dos veces; irónicamente, luego de haberle sacado provecho, nuevamente se sienten limpios e inmaculados, para ser tenaces juzgadores de este sistema.
Difícilmente, se podrá decir que ni un solo guatemalteco, ha necesitado o requerido de estos servicios asistencialistas, pudiendo ser, desde la educación, salud, transporte público, bomberos, lugares recreativos, o cualquier otro medio por el cual, les fue requerido utilizar una institución que se subsiste por medio de los pagos efectuados por todos aquellos a quienes se les obliga sostenerlos, o en palabras de John Stuart Mill, es un “hurto solapado” (Principles, 1ª edición, 1848, II, pág. 353), el cual se encuentra legalmente constituido en el gobierno.
Ahora bien, ¿dónde está la falla?, ¿por qué Guatemala, como gobierno, por medio del estado, no se limita únicamente a proveer aquello que la iniciativa privada no puede llegar hacer?, éstas ignotas, conllevan mucha historia en su razón de ser, y descubrir a cabalidad el porqué de este problema, podría llevarse otros quinientos años, para que tal vez así, se pueda tener una pequeña idea de la razón de ello.
