Todos los seres humanos per se,
son diferentes uno de otros, no sólo físicamente, sino también en los otros
aspectos que conforman a una persona, tales como la etnia, costumbres, la inteligencia,
el espíritu, valores, la moral, psicológica y emocionalmente, por mencionar
algunos. Estas diferencias son
esenciales e importantes para los individuos, de lo contrario, no se podrían
realizar varios principios, tales como la ley de la asociatividad y la
cooperación social.
Sin embargo, no sólo en los
aspectos naturales del hombre existen diferencias, también los hay a nivel
material, unos nacen en cuna de oro, en la pobreza, y otros en la pobreza
extrema. Muy a pesar de que dichas limitantes
económicas, se encuentran presentes en todas las naciones y sociedades, en
ningún momento se constituyen una limitante del desarrollo personal de aquel
que lo desea hacer.
He aquí, la importancia de
comprender que, todos somos diferentes, y por ende es imperante el no
etiquetarse que, por proceder de determinado lugar, radica la razón de ser más
beneficiado, o bien sea, condenado a cierto futuro ya predestinado, ya que tal
cosa es una completa idea utópica.
Guatemala, es un ejemplo
lamentable de cómo se explota y comercia con la pobreza y las desgracias de
unos, ya que fuera de las fronteras, y en particular en los países del primer
mundo, la imagen que se vende, es de niños mugrosos, sucios, desvalidos,
desnutridos y todo lo peor que se pueda encontrar. Así mismo, se esfuerza por mantener una
imagen que provoque lástima y de mendicidad, para poder obtener fondos
económicos, supuestamente con el fin de ayudar al desarrollo local.
Se han recurrido, a métodos de
pordioseros ante otras naciones, para obtener beneficios personales, con
intereses particulares en ciertos sectores de la población guatemalteca, es
más, hasta los inducen a conservar dicho estatus quo, para poder agenciarse de
más fondos.
Hoy día, los mismos habitantes de
la comunidad, se han dado cuenta que este es un gran negocio, al colmo que
ellos procuran dar lástima en forma intencional. Es muy común hoy día, ir a estas centros
poblados y observar cómo se encuentran los pobladores a la expectativa de un
alma caritativa, que quiera dar de sus bienes, aparentemente para mejorar su
calidad de vida.
En el territorio nacional, ha
existido una gran proliferación de diferentes organizaciones no
gubernamentales, programas sociales por parte del gobierno, ambos, con el
propósito de ayudar a los pobres, y lo único que han logrado, es que la
población sea menos autosuficiente, y por ende no le interese ser productiva, o
peor aún, no tiene el deseo de trabajar.
Ahora bien, no es correcto
refugiarse bajo la premisa que como se es pobre, los ricos deben de solucionar
este problema, subsidiando sus necesidades, de manera tal, que éstos se sientan
obligados y comprometidos a ayudarlos.
Es aquí, donde se cumple lo dicho por Ayn Rand, que cuando el fruto del
trabajo de una persona, es arrebatado por otra, la primera se constituye en
esclavo de la segunda.
Lo que no se ha llegado a
visualizar, y aún es incluso inexplicable para el poder ejecutivo, es el hecho que,
por varios gobiernos, se ha estado alimentando constantemente a una sociedad
que se ha estado acomodando a la mal interpretada solidaridad, o el
asistencialismo por parte del estado, resultando con ello, que todo lo debe dar
“gratuitamente” el gobierno, cuando en realidad, nada en la vida es gratis,
alguien de pagar todo aquello que se regala, y es el mismo ciudadano, el que
trabaja, quien termina por cubrir “los grandes e impecables programas sociales”
impuestos por el gobierno central.
