Se dice que Guatemala es un país
subdesarrollado, puesto que carece de la infraestructura apropiada para atraer
la inversión al territorio nacional, por ende, la industria es muy limitada,
suceso que lleva consigo la carencia de empresas o instituciones que puedan
proveer y generar empleos o plazas vacantes suficientes para cubrir la oferta
laboral existente en el país.
Así mismo, las entidades e
instituciones del estado, están viviendo un fenómeno de hacinamiento en los
diferentes departamentos que los conforman, no siendo esto algo nuevo, sino
este suceso es evidente, desde hace varios periodos gubernamentales.
Las empresas privadas, por su
parte, les es difícil mantenerse en el transcurso del tiempo, y en muchos de
los casos, llegan a ser pequeños negocios familiares, con el propósito de tener
un sostén diario para el hogar, por lo que difícilmente podrán llegar a
contratar personal ajeno al núcleo familiar.
Estos sucesos, permite que el
trabajo informal se encuentre en aumento a nivel nacional, puesto que no existe
la demanda necesaria para la oferta existente en el mercado. Tomando los riesgos, que esto contrae.
Sin importar el tipo de empresa o
emprendimiento que los ciudadanos guatemaltecos estén realizando, como parte
del esfuerzo de cubrir sus necesidades, se arriesgan no sólo a la aceptación de
los diferentes cambios del mercado, sino también a las extorsiones, al robo, la
inseguridad civil que se vive y respira en la sociedad; todo esto llega a
constituirse en elementos que, lejos de sentirse con la tranquilidad de poder
hacer crecer el negocio, sus pocas ganancias se las llevan aquellos que
descaradamente les roban o hurtan; aunado a ello, está el tema fiscal, no sólo
se encuentra expuesto al vandalismo, sino también a la inclemencia tributaria.
Por las razones supra
mencionadas, hoy día, un gran porcentaje de la ciudadanía, prefiere ser un
trabajador o empleado de alguna empresa, ya que le ofrece una sensación de una
mayor estabilidad económica y financiera, puesto que debe de olvidarse de
aquellos factores ya indicados, dedicándose únicamente a cumplir con su horario
laboral, y con las tareas o funciones asignado.
Actualmente, se observan dos
factores, con relación a las personas que tienen una relación de dependencia,
sin importar si es en el sector privado o público; el primero, es que se llega
a acomodar en su puesto de trabajo, dejando de ser competitivo y productivo
para la institución; el segundo fenómeno, es que existe tanta oferta laboral,
que por cada plaza, existen treinta personas más, que están dispuestos a ganar
aún menos de la mitad del que ya se encuentra laborando, debido a que la misma necesidad
les obliga a tener salario infra marginal.
Éste suceso, en la entidad
privada, puede llegar a ser controlado, si existen controles de calidad
productiva, los cuales al momento de su aplicación, podrá elevar y exigir mayor
rendimiento laboral a los trabajadores; empero, las instituciones públicas, esto
no se puede llevar a cabo, más bien, como son conscientes que a cada cambio de
gobierno, la probabilidad de ser despedido y no encontrar trabajo en el corto
plazo, buscan y utilizan los mecanismos legales, para gozar de privilegios,
tales como la inamovilidad, ascensos no por competencia, sino por antigüedad, y
cualquier otro beneficio, los cuales se regulan por medio de los Pactos
Colectivos de Condiciones de Trabajo, y siendo estos una herramienta que usan
para su propio beneficio, perdiendo así el espíritu de su verdadera existencia,
el cuál era, buscar el bien un equilibrio entre el patrono y el trabajador,
derivado a que los sindicatos, en su gran mayoría, buscan únicamente sus
intereses, a costa del patrono o del mismo ciudadano.
