La coacción y la libertad, son
dos antónimos muy marcados, sin embargo, no puede existir uno sin el otro,
imperantemente unidas para describir claramente el significado de su opuesto. Tal como se ha definido, la libertad es la
menor existencia de la coacción, y la coacción se define como la ausencia de la libertad, al momento en que se somete un
individuo a la voluntad y servicio de otro, según sea el caso; primeramente, se
puede decir que es la obligación por razones físicas (To compel), y la otra que
es originada por alguna persona (To coerce).
Ahora bien, hay que cuestionarse
si el ciudadano común y corriente, se encuentra libre o bajo coacción. Y se puede decir que un poco de ambos, y que
difícilmente la persona per se, puede darse cuenta de la delgada y frágil línea
que separa ambos estados, puesto que es casi invisible; no es posible ver la
diferencia entre una y otra. Tristemente,
este es un hecho real, que en algún momento todos los habitantes, se han visto
envuelto en este dilema, convirtiéndose en una gran dicotomía de criterios.
Inicialmente, se puede señalar
que todo ser humano se ve afectado desde el momento en que nace, puesto que, al
nacer, el nuevo ser viviente, no puede escoger su nombre, incluso el idioma que
va a aprender para poder comunicarse, entre otros sucesos personales. Entre los aspectos sociales, tampoco puede elegir
en dónde vivir, el tipo de vivienda que desee, o al menos el tipo de
habitación, no digamos así, si va o no a poseer una religión, y que religión le
hubiese gustado profesar.
Todo lo supra mencionado, se da por
el simple hecho de que sus padres deciden muchas de los eventos que podrán
definir parte de la formación y el carácter del niño, no por ello se puede afirmar
que este ha dejado de tener libertad, ya que, en un momento dado, éste alcanzará
a aprender aquellas cosas que le gustan, pero siempre dentro de los límites, que
han sido previamente delimitados por sus progenitores. Sin embargo, llegará el tiempo en que tendrá
sus propios gustos, tendencias, deseos, inquietudes, intereses, entre otros,
generando con ello su propia formación, basados en las premisas previamente
indicadas.
Al momento que la persona principia
a desarrollar su propio carácter, iniciará a desarrollar su libertad, muy a
pesar de seguir inmerso en las reglas y costumbres familiares. Este suceso es bien interesante y particular,
en el cual se puede demostrar que tanto la coacción y la libertad, existen para
proveer ciertas cualidades y ventajas al mismo tiempo, permitiendo así que la
coacción dé cabida a la existencia de la libertad, y viceversa.
Por esta misma naturaleza innata
existente en el ser humano, ha promovido que otros procuren desarrollar métodos
para que los hombres puedan ser sometidos a la coacción, sin percatarse que
están siendo sometidos a ella. Una de
estas formas, es la famosa mercadotecnia partidista, puesto que su fin
primordial es el mover las masas a favor de una persona, logotipo, color o eslogan.
Para lograr este objetivo,
utilizan las necesidades de la sociedad, para transformarlos en mensajes subliminales
en sus campañas demagógicas, y bombardean constantemente sus propósitos egoístas,
sobre los habitantes en general, sin importar dónde vivan, su etnia,
costumbres, nivel académico, religión, edad, género, por mencionar algunos
aspectos; y logran con ello, el voto de todos aquellos a quienes logran
penetrar su mente, siendo manipuladas por el mensaje transmitido.
Es de lamentarse cómo la
manipulación, para llegar a una coacción sobre aquellos que serán gobernados
por el que mejor discurso demagógico promulgó, se ha convertido en una
profesión, en la cual muchos han sacado un lucro por asesorar al político
partidista, los cuales, seguramente han perdido los escrúpulos, principios,
valores y ética, puesto que no le importa que al ganar su asesorado, cumpla o
no con el discurso proselitado.
