¿Quién administra mejor?

Imagen extraída de Google, con fines ilustrativos

 
En todo lugar, se escucha decir que las desgracias y la pobreza que llegan a padecer los centros poblados más remotos del país, es por culpa de la ineptitud e ineficiencia de la administración pública, o bien sea, de los malditos capitalistas, quiénes únicamente se esfuerzan por aprovecharse de la población.

Sin embargo, no se conoce en realidad como es que funciona la cosa pública, o lo que es realmente un verdadero capitalista, simplemente se dejan llevar por el discurso populista, usando las palabras y expresiones utilizadas por aquellos que les interesa tener engañados a los ciudadanos, por medio de la demagogia, alimentando la ignorancia y el estulto humano, promoviendo con ello, la manipulación de las masas a su favor.

Tristemente, dichos mecanismos han funcionado por varias décadas, dejando así una huella muy marcada en las personas, las cuales, viven complemente burladas, por aquellos que los manejan a su sabor y antojo.  Derivado a ello, nace un tercer componente o elemento social, organizaciones privadas, administrando fondos públicos.

Los comités departamentales, municipales y comunitarios, deben ser inscritos formalmente, para poder gozar de una personería jurídica, la cual les permitirá fungir como organización; dichos grupos, utilizan el apellido de desarrollo, para bien o para mal, se logran establecer esta nueva estructura en Guatemala.

El concepto, per se, es una maravillosa oportunidad, para lograr lo que se pretendía, por medio de una descentralización, alcanzar un desarrollo en los diferentes niveles poblacionales, desde la base, hasta los líderes departamentales, permitiendo así, subsanar y mejorar la calidad de vida de los conciudadanos, puesto que dichos comités conocen de primera mano las necesidades de sus vecinos.

Inicialmente, éste tercer órgano funcionó apropiadamente, buscando la forma de poder beneficiar su propia comunidad, sin embargo, la ambición, la avaricia, la perversión y la corrupción, destruyeron el verdadero espíritu de estas organizaciones, y empiezan a negociar los proyectos, por medio de dichos comités, alcanzando así los votos de las personas, para alcanzar aquellos espacios tan codiciados y anhelados por los politiqueros demagogos, o simplemente, favoreciendo a ciertas empresas.

Si bien es cierto, el gobierno debe estar limitado a proteger la vida, la libertad, y la propiedad privada, de cada persona que vive dentro de las fronteras del país, mientras que el sector privado promueve el desarrollo de la sociedad, ambos grupos, jamás podrán cubrir al cien por ciento las necesidades, y cuando esto sucede, aparece este tercer modelo, creyendo que es la mejor forma de llevar a cabo dichas tareas, en que ni el sector público ni privado pueden actuar, estimulando así, según ellos el progreso de Guatemala.

Pero la verdadera cuestión acá es, ¿quién podría administrar mejor los fondos obtenidos del pueblo?, dinero que en ningún momento es propiedad exclusiva del estado, y mucho menos de la entidad privada, puesto que son arrebatados por medios impositivos a los ciudadanos.  Por un lado, el estado, ha demostrado fehacientemente que no es capaz de hacer una correcta administración, por el otro, aquellos que son de la entidad privada y están interesados en administrar dicho dinero, son los que únicamente buscan como beneficiarse, utilizando los privilegios mercantilistas e intervencionistas, y por último, esta tercera forma, ha sabido lucrar con los dos primeros, por lo que no se puede visualizar un verdadero administrador, más que la misma persona, porque pone su propio dinero en riesgo, razón por la qué no le gustaría perder lo que está invirtiendo.

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