Obsérvese las dos modalidades de dinero citados en el artículo anterior, completamente atípicas y completamente funcionales, las cuales permiten cubrir las necesidades de las personas, así como adquirir bienes y servicios, lo que ayuda a que exista un intercambio voluntario entre proveedor y cliente de manera natural y espontáneo.
Entonces, si el pedazo de papel o metal que utilizamos día a día para poder realizar nuestras transacciones diarias, no es lo que realmente se necesita para hacer intercambios voluntarios para adquirir bienes y servicios, significa que el dinero es mucho más de lo que regularmente se conceptualiza.
Existe un dicho de antaño, muy utilizado por los abuelos que dice: “El dinero no lo es todo”, otros más recientemente le han agregado: “pero ayuda bastante”. Será que nuestros ancestros comprendían mejor este hecho, al grado que las generaciones presentes han perdido toda concepción de estos principios tan importantes.
Incluso, se puede observar que los abuelos lograban adquirir más posesiones materiales, como tierras, animales de granja, pequeños predios de legumbres, incluso contaban con ahorros que le permitían tener una vida no ostentosa, pero sí libre de compromisos o deudas, esto les daba una estabilidad durante su vida, al grado de lograr alcanzar una vejez relativamente tranquila.
Además, ellos comprendían que el dinero era solamente un medio, no el fin o propósito de la vida, por tal motivo, se dedicaban a disminuir sus insatisfacciones, sobre todo, buscaban tener una mejor calidad de vida, lo cual es completamente subjetivo en cada persona.
Tal es el caso, que el famoso escritor y novelista británico Charles John Huffam Dickens (1812 -1870), quien en su obra Dombey e Hijo (1848) da una narrativa interesante con relación al dinero:
¡Papá! ¿Qué es el dinero?
La abrupta pregunta tenía una relación inmediata con los propios pensamientos del Sr. Dombey, que éste quedó desconcertado.
¿Qué es el dinero, Paul? – contestó –. ¿Dinero?
Sí – dijo el niño, apoyando sus manos en los brazos de su pequeña silla, y volteando su cara hacia la del Sr. Dombey –. ¿Qué es el dinero?
El Sr. Dombey estaba en dificultades. Le hubiera gustado darle alguna explicación con términos tales como circulante, moneda, depreciación de la moneda, papel, metal, tipos de cambio, valor de los metales preciosos en el mercado, y otras; pero mirando hacia abajo a la pequeña silla, y viendo lo lejos que estaba, contestó:
Oro, y plata, y cobre. Guineas, chelines, peniques. ¿Sabes lo que son?
Oh sí, sé lo que son – dijo Paul –. No es eso lo que quiero decir papá. Quiero decir qué es el dinero en definitiva.
Cielo y Tierra, qué vieja parecía su cara cuando miraba la de su padre.
¡Qué es el dinero en definitiva! – dijo Dombey, retrasando un poco su silla para tener una mejor visión en completo asombro del pequeño presuntuoso que proponía tal cuestión.
Quiero decir, papá ¿qué puede hacer? – contestó Paul, cruzando sus brazos (eran apenas largo como para cruzarlos), y mirando al fuego, y luego a él, y luego al fuego, nuevamente a él.
El Sr. Dombey volvió a colocar su silla en el lugar anterior y le acarició la cabeza.
Ya lo sabrás mejor, mi hombre – dijo –. El dinero, Paul, puede hacer cualquier cosa. – Y tomó su pequeña mano palmeándola suavemente a medida que lo decía.
Pero Paul liberó su mano en cuanto pudo, frotándola suavemente contra el borde la silla, como si su ingenio estuviera en la palma de su mano y lo estuviera afilando, y mirando al fuego nuevamente, como si éste hubiera sido su asesor y promotor, repitió, luego de una breve pausa:
¿Cualquier cosa, papá?
Sí. Cualquier cosa, así – dijo el Sr. Dombey.
¿Cualquier cosa significa cualquier cosa, verdad papá? – preguntó su hijo no observando o posiblemente no comprendiendo el calificativo.
Lo incluye, sí – dijo el Sr. Dombey.
¿Y por qué el dinero no salvó a mi mamá? – respondió el niño –. ¿No es cruel, verdad?
¡Cruel! – dijo el Sr. Dombey, arreglando su cuello y pareciendo ofendido por la idea –. No. Una cosa buena no puede ser cruel.
Si es una cosa buena, y puede hacer cualquier cosa – dijo el pequeño sujeto, pensativo y mirando al fuego –, me pregunto por qué no me salvó a mi mamá (Krause, 2007, págs. 65 - 67).
Nótese lo profundo de las palabras pronunciadas por Paul, quien a su corta edad no comprende lo que es el dinero, mucho menos su utilización o cualquier concepto económico entorno a este. Simplemente quiere saber su esencia, qué es en realidad, ya que no le encuentra una lógica de lo que él entiende, sin embargo, su madre ha fallecido.
Hay que tomar en cuenta que el Sr. Dombey, era una persona adinerada, anheloso de tener un hijo varón para heredar su fortuna y bienes, lamentablemente cuando éste nace, su esposa fallece, posteriormente, a los seis años de edad Paul también llega a morir.
Este hecho, implica que Paul no es mayor de seis años, pero sus interrogantes penetran los pensamientos y sentimientos de su padre, quien no sabe darle una respuesta para satisfacer sus dudas sobre el dinero.
Se observa en la conversación de Paul y su padre, el Sr. Dombey, la incógnita del dinero, pero en esta ocasión se habla de su limitante y alcance, puesto que pese a poseer una fortuna, no logra aquello que se anhela con tanto afán, el poder salvar la vida de un ser amado.
Martín Krause, al respecto menciona “El dinero, entonces, presta muchos servicios, pero no todos. Por esos servicios que proporciona, en general, nos gustaría tenerlo. (Krause, 2007, pág. 67)”.
El comentario que Martín Krause hace con relación a la obra de Charles Dickens, se yuxtapone con la película In Time y las Piedras Rai, puesto que dan una perspectiva distinta a la acostumbrada al dinero.
En el párrafo anterior, se resaltan varios factores importantes que conforman el dinero. Dentro de los cuales se menciona que puede ser cualquier cosa, no sólo objetos físicos, sino que pueden tener cualquier tipo de propiedad, tal cual sucede hoy día con el dinero electrónico o virtual, no precisamente la criptomoneda, puesto que la mayoría de las personas ante la Pandemia Coronavirus COVID-19, han recurrido a utilizar la banca en línea de los servicios bancarios para realizar sus transacciones o pagos correspondientes.
Esta práctica no es nueva, simplemente se ha masificado ante los sucesos que la pandemia obligó a las personas adquirir nuevos hábitos para realizar sus transacciones y dejar a un lado la manera tradicional, es decir, el pedazo de papel o metal que representa una cantidad de la moneda denominada como curso forzoso, en este caso el Quetzal.
Continuará…
