Todo aquello que se le denomina como Estado, se encuentra compuesto por tres elementos fundamentales, que son la base misma de su existencia y sin ellos, no se podría considerársele como tal a un lugar determinada. Las tres bases que lo conforman son: el sector público, el sector privado y la población.
De estos tres, el sector público, o la cosa pública, por más iluso o irónico que resulte, juega un papel muy importante para el establecimiento de un Estado de Derecho, si bien es cierto, es muy mal vista y aceptada por los otros sectores, es un mal necesario su presencia, ya que, si existe un gobierno establecido dentro de la nación, es necesario administrarlo, siendo competencia de los órganos del sector público y sus instituciones.
Es imperativo no confundir la cosa pública, con los tres poderes del estado, puesto que sus funciones y jurisdicciones, difieren considerablemente una de otra. Sin embargo, aún los tres poderes del estado, poseen una parte administrativa, tal y como sucede con toda empresa, puesto que es necesario solventar aquellos temas, que quitarían tiempo a los representantes de estos tres poderes.
Ad aeterno, se tiene la utópica idea que el sistema de gobierno que posee Guatemala, es la causa de sus propios males, y si tal fuese el caso, ¿qué sistema de gobernanza sería el ideal para el país?, ¿existirá un modelo que se pueda emular para impulsar el desarrollo de la nación?
La cuestión aquí es, no el tipo o modelo de gobierno a utilizar, sino de velar que la cosa pública como tal, funcione como debe ser; el verdadero poder, tristemente no lo poseen aquellos a quienes la población se la ha delegado, sino lo tienen las estructuras medias, las cuales son una telaraña bien enraizada en el sector público. Dicha autoridad, regularmente radica en los sindicatos, que se han constituido en el eje transversal del funcionamiento de las instituciones del estado, y si no se les complace sus peticiones, inmediatamente invocan sus derechos, sobre el bien de la población en general.
Un ejemplo muy real de este tema, es el famoso Joviel Acevedo, hombre que posee un gran dominio sobre el Ministerio de Educación, un maestro, si así se le pudiese denominar, o mejor dicho, un individuo, que fue contratado por el Estado, con el único objeto que pudiese proveer educación secular a la niñez guatemalteca, se ha convertido en un gran monstruo que detenta constantemente contra los derechos del país entero, y lo hace cuando se le antoje o plazca, según sus intereses, utilizando para ello el movimiento de las masas de otros “educadores”.
Éste célebre personaje, ha llegado al atrevimiento y descaro de condicionar al más alto representante de la nación, incluso a chantajearlos, de tal manera que sus negociaciones, frente a los medios de comunicación, son tan aventureras, usando el clamor popular, para ganar más adeptos, mientras que, en sus reuniones privadas, su postura es clara y directa, pedir únicamente para él privilegios y beneficios. Es terrible esta situación, ya que el Presidente de la República de Guatemala, fue electo, por medio de la democracia, y muy a pesar que haya ganado por el voto de la minoría, tiene la representación y la vos del pueblo, tanto a lo interno, como a lo externo del país; pese a ello se doblega y acepta las condiciones de aquel, que debiese estar sujeto a él, por el cargo que ostenta.
Es cierto que no estamos ya en la época medieval, en donde la autoridad del que la posee, la hace valer, pero, sería interesante ver, quién sometería a quién, bajo la influencia de su poder, el Presidente o el sindicalista. Hoy por hoy, no se podrá conocer el resultado de dicha disputa de poderes.
Tras mencionar, un pequeño caso de lo que sucede en la administración pública, se puede decir, que este mismo fenómeno se vive en todas las instituciones del sector público, algunos con mayor representatividad que otros, entonces, cambiando un poco las preguntas relacionadas al mejor modelo de gobierno para Guatemala, porque no cuestionar ¿quiénes gobiernan Guatemala, sin importar a quiénes se eligen por el voto electoral?, ¿cómo desarticular estas mafias incrustadas en forma de quiste en la administración pública?, y ¿algún día se podrán erradicar de raíz estos parásitos de la cosa pública?
